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El Rímac
y la Plaza de Acho Conocido también como el barrio de bajo el puente, es una
de las zonas más tradicionales de Lima, y cuenta con antiguas calles de marcado estilo
sevillano. Ubicado sobre el río Rímac, en la ribera opuesta al centro histórico,
durante la Colonia se le conoció como Barrio de Indios de San Lázaro y está conectado a
la ciudad por puentes construidos en dicho período. Origen y bastión del criollismo,
alberga a algunas de las peñas (locales de música y bailes criollos) y restaurantes
típicos más conocidos de Lima. Posee rincones de gran belleza, como la Alameda de los
Descalzos, el Paseo de Aguas, la Quinta Presa y varias plazuelas e iglesias. Además, el
Rímac es sede de la Plaza de Toros de Acho (1768), uno de los primeros cosos de América,
y escenario de la famosa Feria Taurina del Señor de los Milagros, a la que acuden los
mejores toreros del mundo.
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Barrios
Altos y el Barrio Chino 
De las zonas más tradicionales
de Lima de antaño, refugio de compositores, intelectuales y bohemios que llevaron a su
expresión máxima el criollismo. En ella es posible ver algunas de las más notables
obras de arquitectura colonial y republicana limeña. Sus monumentos más representativos
son la Quinta Heeren, con su encantadora plaza; la Casa de las Trece Monedas, residencia
del siglo XIX; la Iglesia de las Trinitarias y el Molino de Santa Clara. Colindante con el
Mercado Central, el Barrio Chino ofrece salones de té, pastelerías y restaurantes,
delicias de la cocina oriental afincada en el Perú.
El Callao y la Punta
Fundado en 1537 para servir como punto de
embarque a los tesoros del Antiguo Perú transportados a España, el Callao es el primer
puerto del país. Allí se sitúa el Real Felipe, edificado en forma de pentágono en el
siglo XVIII para repeler los ataques de piratas y corsarios y que más tarde jugó un
papel de importancia en las batallas por la Independencia. El Callao termina en La Punta,
una larga península que se interna en el Pacífico y sirve de escenario a la Base Naval,
a varias playas de canto rodado, al viejo malecón y a zonas residenciales de las décadas
de los cuarenta y cincuenta. Unos kilómetros mar adentro está la isla San Lorenzo, de
relativa importancia arqueológica, y el islote El Frontón, antigua cárcel para reos de
alta peligrosidad.
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